jueves, 22 de agosto de 2013

21 de agosto: Feriado por nieve



 ¿Vieron que en algunos lugares donde nieva MUCHO se suspenden las clases, se reduce el flujo del transportes públicos, etc? Bueno, en Trevelin NO nieva mucho, pero si nieva un poquito, cierra todo. Para mi es más por una cuestión de alegría que de imposibilidad… digo, es cierto que no hay maquinaria para sacar la nieve de los caminos, que la nieve causa estragos (ver foto del invernadero), que se caen las líneas de teléfono y celular, pero me gusta pensar que para la gente eso es una excusa y en realidad todos quieren estar en sus casas mirando la nieve (al fin y al cabo, pasa sólo 1 o 2 veces por año), jugando afuera con los niños, guerreando con bolas de nieve, armando muñecos… la otra vez me contaba una chica que en otra época, cuando caía mucha más nieve, había concurso de muñecos de nieve: todos los pibes armaban uno en el jardín de su casa y el jurado iba pasando por cada casa, evaluando. Entonces: es cierto, es muy mediocre que nadie labure, que no haya máquinas, etc, pero quizás es más lindo pensarlo así: es romántico, que la gente se siga emocionando con la nieve, ¿no?
Lo que pasa en el rancho: Tom estuvo por el pueblo (yo soy de los que se quedan en casa) y me dijo que en un lugar, casi el único abierto, no había sistema. El resto, todos cerrados. Feriado por nieve. Él está un poco indignado porque tampoco puede terminar el techo del gallinero (ver foto) ni preparar la tierra para la primavera. Pero aprovecha para seguir con otras cuestiones (llámese invernadero “movible”, colocación de puertas y ventanas en el gallinero, preparado de “senderos” para la camioneta (se avecina un ZARPADO lodazal), etc). Ajo es un perro feliz, come nieve, se acuesta, escarba – como si no fuera agua helada. Yo leo, corrijo, miro por la ventana. Escribo, limpio un poco, salgo a dar una vuelta y escuchar el crunchi crunchi de la nieve. Saco fotos y vuelvo a entrar. Ahh, la vida de trabajar desde casa. Al que pueda, se lo recomiendo. Y si es en el sur, ni les cuento.
Hace un rato empezó a caer una llovizna – sucia, mugrosa llovizna. No sólo me derrite toda la blancura del valle sino que trae a la luz las innegables consecuencias del barro que les comentaba más arriba. Y bué, gajes del oficio que le dicen.  Pero el año que viene no me va a agarrar desprevenida: sin trineo, el próximo invierno no comenzará. Palabra de niña exploradora.

El invernadero cuando nos despertamos:


 El invernadero después de que Tomi Macgyver Bajar se pusiera manos a la obra:




Un muñeco de nieve que me encontré por ahí. Pobre, medio derretiduchi:


ATENCIÓN: parece que este va a ser el día más frío del año en Trevelin: se avecinan los -12 grados (sí, leiste bien)  esta noche. Le hacemos frente a todo, no tenemos miedo, venceremos. (Sigo sosteniendo que acá, 0 grados o -1 grado NO ES LO MISMO que en Buenos Aires. Una bobadita. Cuando allá se congelan con 6 grados (¡por favor!), acá con -12 nos la pasamos deluxe. Fíjense dónde quieren estar viviendo. Fíjense. 


Comentario aleatorio (y no por eso menos importante): A quien le pueda interesar, hoy he hecho un HALLAZGO si igual. Vengo luchando con el polvo hace meses, no entendía el tema de pasar una franela por todos lados, tener que lavarla cada vez, y que a los dos días estuviera todo el polvo ahí mirándome como si nada hubiera cambiado en el mundo. Bueno, Tom me decía: “plumero” y yo: “ay, por favor, Tomás, pasás el plumero, el polvo sale volando y vuelve a caer en el lugar!”. Hoy me trajo uno, lo probé. Soy feliz.
Les voy a pedir a los que ya conocían este implemento fantástico que no sean tan egoistas con la información la próxima vez. A los que no lo sabían y se avergüenzan de asumirlo (a mi me dio un toque de vergüenza conocerlo a los 30 – más todavía considerando que tenía uno en Santos Dumont que jamás usé), no hace falta que digan nada, pruébenlo y denle la oportunidad de que les cambie la vida para siempre.  (La ecuación es: plumero (3 segundos), escoba (2 minutos). Y listo. Posta.)

lunes, 19 de agosto de 2013

16 de agosto: 100% actividades granjeras



 Ustedes dirán: seh, estos juegan a que viven en el campo pero tienen compu, tienen ipad, tienen ipod, ipid e apud. Y después pensarán, por favor, ni se deben ensuciar los zapatos. Y después, ¡por favor! ¿Con loza radiante? ¡Así cualquiera sobrevive dignamente el invierno en Trevelin! Todo eso deben pensar. Así que yo vengo a demitificar un cachito. Un cachito nomás porque es cierto que tenemos ipad, ipod, ipid e ipud y es cierto que tenemos una zarpada calefacción que patea traseros.
Pues bien, hoy, condensadas en pocas horas, tuvimos un par de situaciones bien granjeras – a saber:

-mientras desayunábamos vimos las vacas (que tienen vía libre para pastar en dos de los terrenos a la venta: están cortando el pasto para dejarlos prolijitos prolijitos para tentar cada día más a nuestros amigos indecisos) morfándose el pasto del terreno que está frente a nuestra casa. Anoche llovía y no cerramos la tranquera – malísimo. Bueno, salimos, Ajo y yo al principio, bravos valientes, revoleando un palo yo (un palo que de a ratos Ajo intentaba robarme, ¡ridículo!) y haciendo ruidos, canciones para vacas del estilo: “¡Vamo´ vaca´! ¡Que este no es su lugar para comer! ¡Fuera, fuera de este lugar!” – se podría decir que el tono era medio delirante: mezcla de campo con ciudad freudiana y una mente hiper influenciada por libros infantiles donde los humanos y los animales se comunican así nomás, fácil y sencillo.
Bue, el resultado no fue el mejor. Entre Ajo que derepete hace su “trabajo” y de repente hace cualquiera, empezamos a arrear las vacas, pero se me retobaban y zaz, se me iban para el otro lado. Ahí me dije, es difícil arrear de a uno y con un perro sobre excitado.
En ese momento salía Tomatis al rescate. “Yo las arreo desde acá y vos mantenete allá así se van para el lado de la tranquera”. Dicho y hecho. Chau vaquitas, hasta la próxima.
La próxima no tardó en llegar.
Menos de una hora después estábamos con Tom hablando de no sé qué planes agrícolas (¡apa! Cosas de Tomatis…) y de repente veo que las vacas (¡las MISMAS vacas! No eran 4 o 5, ¿eh? ¡Como 50!) entraban a NUESTRO terreno. Sí, el terreno donde hay arbolitos mini intentando sobrevivir entre la arcilla. El mismo terreno que ya estuvimos removiendo porque estaba muy compactado por AÑOS de vacas apelmasadoras de tierra… nah nah nah. Salimos corriendo para “atajaras”. “¡Vos por allá, yo por acá!” – sí, así hablábamos, tipo estrategias de la granja… TEG un poroto. Bue, me armé con un nuevo palo y empecé de nuevo con mis cantos: “Vamos, vacaaaa´, ¡no se me haga la sorda!! Vamos que acá no es su lugar… este es MI terreno, y no pueden estar acá. Vamo vamo vamo (silbidos y movimientos con el palo)” y después “¡Dale, dale, Tom, que se van por ese lado!! ¡¡Apurate!!” (cuando las zorras se iban para el lado de la tirra removida.
Bue, lo logramos, fiu. En ese momento, recién en ese momento, hace su aparición Ajo, que venía de lo de un vecino (cualquiera) y no se quería perder la fiesta. La tranquera de nuestro terreno estaba abierta – raro. Si nadie la abrió… Bueno, empezamos a volver y nos damos vuelta a ver qué onda con las vacas y ¡ZAZ! La vaca reina (así la llamamos nosotros, la gente de granja) ¡¡¡estaba intentando abrir la tranquera!!!!!! Suena a realismo mágico, lo sé. Pero para que vean que no miento: ¡ACABO DE VERLAS ENTRAR DE NUEVO! Tomi ya fue al ataque. Estas sí que nos están dando batalla.
Las tipas aprendieron a abrir tranqueras. Qué será de nosotros (la gente de granja).

La segunda cosa no fue tan granjera, ahora que lo pienso, pero divertida: nuestros pollos, como saben, estaban viviendo adentro por el frío. Esa fue la razón por la cual los adoptamos. Bien: hoy fue un día hermoso, así que les hicimos un seudo corral con alambre y las sacamos para que tomen sol, repiren aire puro, rasquen el piso y coman bichitos. Tampoco es cuestión de que pierdan el instinto. Bueno, estaban ahí, tranquis, y de repente Miel, quien sabe cómo, estaba adentro de la jaula, persiguiendo a Beta, la más pequeña. ¡Malísima Miel! Aunque es su instinto también… pero bueno, ustedes ya saben, estos granjeros son granjeros 2.0… vegetarianos y todo eso. Así que ni hablar de violencia inter especies. Bueno, le revoleamos unos guantes a Miel para que entienda que ese instinto en esta casa está muy condenado y todo bien. Los gatos se acostumbraron al pío-pío, los pollos se coparon con el “afuera” y todos contentos. Pero por si acaso los metimos de nuevo – no queremos pollos engripados. Así de granjeros somos.

Algunas fotinas ilustrativas para que se deleiten, queridos amigos:


Clari arreando vacas (sí, esa manchita ahí a la izquierda soy yo, créanme).

Y abajo, la dulce Paprika poniéndose en contacto con su instinto salvaje (y Miel a lo lejos, reprogramando estrategias de caza):



Y mis pollos. 



martes, 13 de agosto de 2013

12 de agosto: ¡Confirmado!: el invierno es un poroto


Queridos amigos, los tengo sin noticias hace tiempo – lo sé. Sepan disculpar. Lo bueno, todo los sabemos ya, es que cuando no hay noticias es que las noticias son todas lindas y buenitas. Así andamos: de aquí a allá, haciendo cosas que nos gustan y disfrutando de cada día (sí señores, ¡el invierno también se disfruta!).
Qué contarles… sobre la aventura de plantar árboles frutales bajo una lluvia potente (Tomi no tiene piedad, no señor), sobre las andanzas automobilísticas en el cruce El Bolsón-Bariloche donde nos agarró una nevada que para qué te voy a decir (zarpados copos de nieve como algodón flotante fueron transformando todo el panorama en algo blanco blanco, en pocos minutos. Para que me crean y no piensen que exagero: ¡al día siguiente ese paso estuvo cerrado! Altos excursionistas el Tomi y la Clari, no me digan que no), o de nuestra estadía en la “Windy City” de General Roca, visitando a Sofi  y Damián, encontrándonos con Nati, conociendo la vida allá, conociendo el camino de las manzanas (desde que son árbol hasta que llegan a su lugar en una caja y esperan ser mordisqueadas por algún humano frutoso), charlando profundamente, filosofando de la vida (les ahorro la lectura, lo lindo es tener esas conversaciones irreproducibles, sabrán comprender),
“feriando” en la Feria del Libro de General Roca,
recomendando y vendiendo libros como loca.
 (Tengo que admitir que hubo una recomendación fallida: una señora se acercó para pedirme una novela para “una señora mayor que le gustan las novelas de drama”. Zaz, lo tengo, pensé. La omisión. Claro, lo que la mayoría de ustedes no sabe es que La omisión sí es un drama, pero no sé si da regalárselo a una señora mayor que no tengo idea qué onda. Para que entiendan, en síntesis, el libro va así: mujer queda viuda, se entera que su marido había sido homosexual todo tiempo y había tenido una vida paralela (de repente algunas escenas un toque “picantes”). Ponele que la señora mayor es muy “open mind” y la pegué. Así me trato de convencer a mi misma desde que me di cuenta que quizás hice quedar mal a la señora que le va a regalar el libro a la señora mayor).
Y fuimos por primera vez a la policía para avisar que no íbamos a votar porque estábamos a más de 500 kms de casa (fue un poco menos emocionante que la primera vez que voté, pero tuvo su onda).

¿Qué decirles? Las conclusiones son estas:
-Extraño a mis gatos, mi perro, mis pollos.
-Definitivamente quiero tener mi propia librería en un futuro (no lejano). APA.
-Mi abuela y yo tenemos el mismo gusto por las rosas: compré donde ella me dijo que compre las plantas y zaz, elegí todas las que ella ya tenía marcadas. Palabra de honor. (Instantes después de emocionarse porque había elegido las mismas que ella hubiera elegido, se frustró toda porque cuando la llamé ya me había ido del lugar y ella quería que le compre también, “pucha carancho”. Así son las fluctuaciones emocionales que corren por mis venas)
-Tomi quiere producir YA, terminar el techo del gallinero,
conseguir semillas, preparar plantines para el verano y hacer canales en el terreno.
AYUDA. (De verdad).

-El invierno en el sur es una paparruchada blandita y hermosa,
muy abrazable y graciosa. 

Para todos aquellos que no se copan tanto leyendo toooodo lo que escribo, y para los que leen también, acá van unas fotinas de este último tiempo.




Tom, con una campera ideal para plantar árboles bajo la lluvia y el fango y todas esas cosas.



Camino nevadito a Bariloche.



Camino bordeando el Nahuel Huapi.



Atardecer en General Roca.


Universo manzanal.



Cámara de frío para las manzanas - para algunos de nosotros, algo así como un OVNI.


Equipo.




Foto de campaña política: la candidata a senadora Huffmann, plantando un árbol de manzanas en el valle rio negrino. "En este mandato trabajaremos por los trabajadores, trabajando en el campo que trabaja". Grande Don Elías.


La senadora con su compañero de fórmula.



Bajar - tu vendedor de libros amigo.


Catando en la bodega Canale. 11am. (Y mejor no les muestro las fotos post bodega).



Los morci.


Tom y Nicanor.

lunes, 29 de julio de 2013

El que espera...

¿Qué es, exactamente, lo que esperan estos lectores leyentes?
¿Que les contemos del esquí, de las visitas, los pollos, los huevos, el frío...? Probablemente. Pero me planto, porque si no fluye, no fluye - y lo que sí fluye es contar sobre esas cosas que pasan en la vida cotidiana y que se sienten con una potencia inimaginada.
Bué, por lo menos eso es sobre lo que quiero escribir hoy (no sé si SIEMPRE me pasa lo mismo... además, le quiero hacer la contra a Caro, que sólo quería que escribiera sobre la jornada sobre esquíes - me limitaré a poner algunas fotinas).
Como algunos ya saben, con algunos lo hemos compartido, tenemos una tradición: los domingos a la noche salimos de casa, manejamos a Trevelin y vamos a comernos una pizza muy rica en un local. Ya nos conocía el dueño, la mesera, teníamos la mejor onda, imaginense. Se entablan vínculos. Ya sabían la pizza que más nos gusta (la que pedimos casi siempre), la cerveza que nos gusta (Tom, negra - Clari, rubia), que tenemos ganas de empezar natación pero que nos cuesta arrancar... en fin. Vínculos que se generan y que uno no mide cuán importantes son hasta que un día ya no están más.
Ayer fuimos a la pizzería (siempre hay algo especial en la salida... es como un momento de la semana particular, una salida. ¡En Buenos Aires habían tantas! Probablemente eso hiciera de las salidas momentos menos extraordinarios. Y acá, que casi no salimos, el simple plan de salir un rato el domingo a la noche se había vuelto un momento de mucho disfrute), llegamos, buscamos nuestra mesa (no siempre es la misma, ojo), le pedimos a Xiomara la pizza "de siempre" y preguntamos si había cerveza tirada (últimamente no había) y nos dijo que no y que tenía una mala noticia. Zaz. Ayer fue el último día que la pizzería abriría. Fa. Algo nos había comentado alguien, pero nos habían dicho que cerraría en octubre - no estábamos listos. Hablamos un rato con ella, después con el dueño, nos contaron un poco por qué cierran, etc etc. Y si bien nos dijeron que la pizzería va a abrir pronto con otra gente que la va a seguir, fue triste. Bueno, nada, cambios. Flexibilidad, ¿no?
Ayer pensaba en la cantidad de locales de comida que abren y cierran en Palermo. Y nunca me pasó que me afectara. ¡Y ahora me afecta porque hay afecto! Supongo que pesa porque fue el primer lugar que nos recibió y nos vio semana a semana acá. Y la primer tradición.
Qué se yo.
Chin chin por la pizza mediterranea, ¡salud!

Y un resumen de los últimos tiempos en fotografías:










Y miren qué increible va quedando el gallinero:


martes, 16 de julio de 2013

16 de julio: ¿el huevo, la gallina o el gallinero?

¿Qué vino primero?
En nuestro caso, los pollitos.
Primero fue una, Raimunda. Nacieron de una gallina confundida que creyó que se avecinaba la primavera, pero no. Entonces claro, los pollitos se congelan. Y ahí entramos nosotros, los defensores-de-todos-los-animales-que-corren-algún -riesgo-aunque-sea-mínimo.
Llegó Raimunda, asustada, pío pío de acá, pío pío de allá. Pero, con un poquito de maíz molido de por medio, todo bien, se hizo mi aliada.
Al día siguiente llegó Amador, un pollito de cuello pelao, medio feucho, la verdad, pero simpático y gracioso. Tiene sus reparos conmigo, no tomó mucha confianza todavía, pero ahí vamos. Fortaleciendo el vínculo.
Y mientras llegaba Ben en avión y Tomi, todo apurado y ansioso y nervioso le dijo: Ben, ponete las pilas, tenemos gallinas y no tenemos gallinero!!! Y ahí se pusieron: meta cortar maderas, meta dibujar planos y discutir posibilidades. Ayer fueron al INTA (no se quedaron encerrados por suerte) y trajeron madera a rolete.
Y después llegaron Enzo y Beto. Dos pollitos que nacieron ayer. No entienden nada, piensan que Raimunda y Amador son la mamá. Y Raimunda y Amador son 2 semanas más grandes. Medio descontrolado el tema. Pero bien.


Raimunda



Enzo


Las gallinas, evidentemente, están confundidas. Ben dice que este invierno es casi casi un chiste (lo dice un holandés que sabe de fríos polares, créanme): ayer, además de Enzo y Beto, llegaron 7 huevos que una gallina decidió que no quiere empollar. Y bué, me pongo las plumas, me lleno de paciencia y me vuelvo mamá-gallina. Ningún problema.



Lo que sí, espero que los muchachos se pongan la camiseta (de River) y me armen el gallinero porque esto está fuera de control.



miércoles, 10 de julio de 2013

9 de julio: cuando pega el frío pasan cosas raras



 Y cuando digo “raras”, me refiero a cosas raras para nosotros. Raras por ser la primera vez que las vivenciamos. Estoy segura, igual, que algunas de las cosas raras van a sonar rarísimas para todos.
Acá va:
-Espejismos visuales: amanecemos hace 2 días. Levantamos la cortina Black out y el vidrio está congelado, literalmente. No se ve nada para afuera porque hay HIELO en el vidrio. Buá, helada (las conocemos ya). Pero zaz, abrimos las otras cortinas de la casa y vemos que todo, TODO, lo que está a la vista afuerta está cubierto de blanco. ¿Nevó? Parece nieve. No. Good old helada – pero una de esas que son potentes, que aguantan varias horas después de que amanezca. De esas que amenazan todas tus verduritas en el invernadero. De esas que te hacen patinar en la tierra, el pasto, lo que sea. De esas que son bien bien lindas, pero para ver desde adentro, al lado de un fueguito. Queridos Colo y Eli, la helada más grande del año, por ahora. Tomen nota: 8 de julio.




-Danza: salimos de casa, teníamos que ir a hacer un par de cositas al pueblo (mandar cartas, ese tipo de cosas – ¡acá todavía se mandan cartas! Sobre todo a los sobrinos, para que conozcan lo que es el correo, un sobre, una estampilla, esa onda). Con veinte capas de abrigo porque sino me congelaba, subimos a la camioneta (que por suerte pasó la noche bajo techo) y salimos despacito para no hacer patinaje sobre hielo. Bien, hasta ahí todo normal. Llegando al pueblo hay varios campos con vacas, despejados. Yo venía viendo por la ventana y de repente, en el medio del campo veo dos seres desconocidos pegando saltos de un modo absolutamente bizarro. Pensé: ¿son pibes? Tengan en cuenta que esto duró 2 segundos, que estaba lejos y en una camioneta en movimiento, en camino enripiado, sacudiéndonos que da calambre. Bueno, no, no eran pibes, me di cuenta que eran liebres alienígenas. Por que, dale, ¿qué liebre se para en dos patas y baila con otra? La escena era esa. Bizarro es poco. (Por favor, que alguien me explique esto porque sino creo que me van a empezar a dar miedo).

De esto no tengo pruebas fotográficas – mucho me hubiera gustado hacer un buen zoom y ver la cara alien de las liebres en ese momento. Ojos verdes y toda la bola.

-YPF affaire: Al día siguiente de la GRAN HELADA, feriado, llega el camioncito de YPF que nos trae el gas a domicilio desde Bariloche. No muy eco-friendly la cuestión, pero qué va a hacer. No sé si saben (nosotros no sabíamos): la helada, parece, ablanda muuuucho la tierra. Porque claro, cae, congela todo por abajo y cuando se derrite queda manteca. Bueno saberlo: llega el camión y acá es una fiesta porque el medidor ya nos tiraba 10% y, considerando los fríos, nos asustaba un poco que se nos acabara el gas (y con él, el agua caliente, la calefacción. En fin.). Bueno, cuestión que llega, baja las lomadas (caminos muy hechos bolsa, con agua, barro, de tutti), pero llega. Lo veo desde mi ventana. Hace marcha atrás para entrar en nuestro “jardín” (para mi, nuestro jardín es todo el valle, aunque legalmente no lo sea) y zaz, ahí se queda, patinando. RIDÍCULO. Es decir, pasó pozos zarpados, una parte del camino que tiene 1 metro de profundidad de barro y agua y en la entrada de casa, haciendo marcha atrás, se encaja. GAD. Bueno, nada, gracia a Dio, llegaba la manguera hasta nuestro tanque de gas. Así que cargaron y dejaron para después la odisea… si sólo les pudiera contar… llovizna, frasquete, y todos ahí poniendo ripio debajo de las ruedas, maderas, ladrillos. Y cada vez el camión más hundido. Buscamos un tractor en lo del vecino Manuel, pero nada, nada, nada es tan pesado como el camión de YPF, muchachos. Sepanlo desde ahora. Se las hago corta: tras 2 horas (Sí, dos – yo pensé que los muchachos se quedaban a dormir en casa), el camión arrancó, avanzó sin detenerse por todo el terreno (todo el tiempo parecía que se quedaba de nuevo) que nos separaba del metro de barro y agua y se mandó, con un buen envión y yo pensé: pasa o se choca y explota todo. Interesting. Pasó. Todo bien. Por 2 o 3 meses más estamos salvados. ¡Viva!






-Videos: uno está acá y... ¿qué les puedo decir? Disfruten (me fue imposible postearlos directamente, así que ¡vayan y vean los links!)

Eli, este es para ti, cabrona, para que estés orgullosa del pinche Ajo:

http://youtu.be/-dVhyKNx98I


Y este, qué se yo. Una mezcla de fascinación por la velocidad a la que crece la barba de Tomi y una canción absolutamente random que encontré por ahí:




Emocional: la vida nos sigue sonriendo. Tom aprendió a soldar (ya está terminando un chispero para la chimenea) y está preparando las maderas para el gallinero. Va a ser un gallinero GROSO. 

Animal: Se rumorea por el valle que Ajo estaría a punto de ser padre... las malas lenguas dicen que estuvo husmeando por lo de Manuel y que ahora su perra está por parir como 20 cachorritos. Cuando nazcan pediremos el ADN. 

Ambiental: ¡los canales del terreno están con agua! Tenemos que ir a recorrer los terrenos vecinos, pero por el nuestro ya corre el agua. Son unos canales muy románticos. Falta el puente, el gondolero, y Venecia se queda atrás.

Vegetal: la zarpada helada de hace dos días no fue cualquier cosa - y se hizo notar. Las lechuguitas están luchando por su vida, como también las rúculas nuevas que Tom había transplantado hace unas semanas. Seguiremos peleando por ellas con todo lo que tenemos (léase: mantas anti-helada). 

¡y salud!



viernes, 5 de julio de 2013

1 de julio: atípico



 Pasar el primer cumpleaños lejos de la ciudad que te vio, año a año, reuniendo gente, inflando globos, comiendo tortotas dulcedelechosas, festejando el paso del tiempo, es raro. Lindamente raro cuando te encuentra en el lugar que más querés estar, ese lugar que elegiste porque es en el que pensás que todo es más coherente, donde todo va a ritmo acorde al que querés que vaya la vida. Ahí estamos, acá estamos, ¡y estamos contentos!
Llueve, como cada cumpleaños que tuve en Buenos Aires, así que tan diferente no es en ese aspecto… en qué cambia. Cambia en la dinámica: este año tuve la suerte de que mi familia venga a festejarlo conmigo (si no venían para los 30, se pudría… Por cierto, mi prima Caro dice que por eso me vine: para no dar la cara en los 30. Qué quieren que les diga: a veces uno actúa inconcientemente! Ja), pero no están los amigos que cada año vinieron a festejarme a casa y ESO es raro. Solía hacer doble tanda: tanda de familia y después tanda de amigos. Eramos miles, había que cocinar un montón, limpiar mucho mucho (antes y después de las celebraciones), cuando llegaban había que salir a abrir y como uno venía tomando vinos ricos que llegaban con cada nuevo invitado, zaz, se encontraba con la lluvia, el frío de un invierno recién empezadito. Pero servía para despabilarse un poco y despejar la mente y seguir seguir, prestando atención a los gatos – que no se quedaran afuera de casa entre una y otra llegada.
Y hoy me desperté, como cada día desde que llegamos, porque Tomi me viene a despertar con Ajo. Ajo quiere subirse a la cama y no lo dejamos, pero le hago mimos especiales. Y trata de poner sus patotas arriba y le decimos que no. Pero hoy pudo y me encontré con que en su collar había un chocolatito y una cartita que me pedía porfi porfi poder subir. Y una pista para seguir el camino de una búsqueda del tesoro. Nunca me costó tan poco levantarme de la cama. Salté, literal, a buscar el resto de las pistas (en el té, entre mis lanas, en los especieros, etc etc) que, junto con muchos y muy ricos chocolatitos, me llevaron a un vale final. Un cupón para retirar mi regalo en el aeropuerto de Esquel el 13 de julio. Zaz. ¡¡Un regalo que vuela!!!
Yoga y desayuno entre llamados hermosos, mensajitos con saludos… estamos lejos, pero cada saludos se sintió más cerca, más pensado, más especial que los de antes. Porque, creo, para todos es atípico que estemos acá, descoloca, cambia la perspectiva de las cosas.
Mientras Tom me termina de preparar la torta de cumpleaños (un cheesecake con la genial receta de la otra cumplañera del día, Nati: Feliz cumple Natushka!!!), miro por la ventana del estudio, veo un montón de nubezotas, gotitas finitas, ramas desnudas del membrillo, más atrás las ramas con manzanas que todavía aguantan el frío y el viento en el árbol. el jardín, el cerco, más allá la loma que lleva a lo de nuestro vecino y más allá las montañas nevadas. Y yo estoy contenta porque estoy donde quiero estar, sintiéndolos a todos cerquita.